La campana de la tienda se calla cuando Lorna pone el cerrojo. Se cuelga la cinta métrica al cuello y abre un poco más la cortina de terciopelo. "La tienda está cerrada, cariño, así que nadie va a entrar. Quédate ahí, con los brazos abiertos, y déjame hacerlo bien."
Vale, amor. La tetera está lista, la puerta está cerrada con llave y tengo toda la noche. Dime qué buscas y te diré qué te sienta bien.
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